Pietro Ameglio camina al lado de las victimas de la violencia en México, es miembro fundador del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) y del Movimiento por la Paz, con Justicia y Dignidad. Su carrera como catedrático de la UNAM la combina con un activismo permanente desde el cual ha trazado su labor académica. En 2014 fue reconocido con el premio de Educación para la Paz de la Fundación El-Hibri. Revista Circe platicó con él sobre cómo construir una alternativa de paz real desde la movilización y lucha social ante los actos de violencia que enfrenta México.

Como historiador Pietro Ameglio tiene bastante claro que es imprescindible conocer la historia, como procesos y no como suma de héroes, batallas, fechas y traiciones, porque desde allí se puede construir una esperanza real y no una ilusión “sin principio de realidad” ante la crisis que atraviesa el país.

Para empezar a cimentar la paz a partir de este principio de realidad es importante reconocer, señala, que lo que atraviesa nuestro país no es una “guerra contra el narco” ni un “estado fallido” sino que, en realidad, se trata de una guerra (un gran negocio) intercapitalista por el monopolio de una mercancía ilegal, con bandos que para ello están construyendo su propia territorialidad y que se caracterizan todos ellos cada vez más por la interconexión entre el crimen organizado, el sector empresarial y el aparato de gobierno en todos sus niveles, comprendidas las fuerzas armadas. Ante esta evidencia se justifican las movilizaciones, la no-cooperación y la desobediencia civil porque la experiencia de los cambios sociales, políticos y económicos de la especie humana nos enseña que la sola acción jurídica y política no es suficiente para detener las inhumanidades o injusticias, son necesarias movilizaciones sociales, de muy diferentes escalas, para presionar al poder a favor de los cambios buscados. Además, ante ciertos hechos sociales de tan alto grado de inhumanidad, como en México es lo de Iguala, es necesario masivamente expresar un ¡Ya basta! en el espacio público, afirma categórico.

Hemos dejado crecer el miedo que se ha convertido en muchos territorios –cuerpos y topografías- en terror

Pietro Ameglio
Pietro Ameglio combina su labor docente y académica con el activismo. Foto: sari_dennise.

Estas manifestaciones de hartazgo se expresan en diversos niveles, desde acuerdos, foros… movilizaciones de masas en espacios abiertos, hasta la no-cooperación y la desobediencia civil. Justamente en nuestro país, en los años recientes, señala, hemos dejado crecer el miedo que se ha convertido en muchos territorios –cuerpos y topografías- en terror, lo que significa un estado fuerte de indefensión. Haber dejado correr la “frontera moral” de la sociedad en masacres tan brutales como la Guardería ABC, Villas de Salvárcar, Casino Royale, San Fernando… ha hecho que la violencia e impunidad avancen hasta los actuales niveles, reflejados ahora en la masacre de Iguala.

La manipulación y construcción permanente de este “infantilismo social”, mucho a través de la complicidad de muchos medios y la clase política, ha hecho que no se haya comprendido bien que la guerra que enfrenta México es en realidad un gran negocio, ante el cual grandes porciones de la población aterrados, asustados o infantilizados están a la espera mágica y mesiánica de que la autoridad restituya la “seguridad como sinónimo de paz”, algo que nunca hará pues ella es quien ha “sembrado previamente la inseguridad”.

La actual crisis de todo tipo que atraviesa a México, entre otros aspectos, es un descrédito total a la clase política y autoridades del país que ha quedado evidenciado por las imágenes de los videos donde autoridades, en todos los niveles, y crimen organizado actúan conjuntamente, algo que ya se había testimoniado miles de veces pero nunca se había “mirado” con tanta evidencia. Por ello ha quedado muy seriamente destruida cualquier forma de legitimidad de la clase política y de todos sus mecanismos de reproducción, empezando por lo electoral, sentencia.

Movilización global por Ayotzinapa
Jornada de oración por los #43ConVida. Foto: Isabel Sanginés/SomoselMedio.org
Conocer la historia para construir una esperanza real y no una ilusión

Entre las acciones en este nuevo proceso de lucha contra la inhumanidad en el país, Pietro Ameglio destaca un crecimiento intelectual, moral y epistémico de la lucha social noviolenta actuales, respecto, por ejemplo, al movimiento “#Yo soy 132” de hace dos años. Ya no sólo se han hecho acciones con un fuerte carácter simbólico y mediático, sino que se ha pasado a formas de acción mucho más proporcionales al nivel de violencia del poder y el gobierno: la no-cooperación y la desobediencia civil. Ha habido “paros activos” (una figura muy interesante en lo académico, político y de resistencia civil) en más de 60 universidades a la vez, por varios días, se han creado Consejos Populares Autónomos en muchos municipios de Guerrero, estableciendo lo que en la lucha noviolenta se llama “poder paralelo” o dualidad de poder”, algo que el zapatismo lleva años experimentando en Chiapas. Ha habido bloqueos y tomas también.

Porque, afirma, tal nivel de violencia no se puede enfrentar sólo con movilizaciones de masas de la reserva moral nacional, sino que esa misma reserva moral, que es la que ahora se está expresando en las calles, y es encabezada por los padres y madres de las víctimas y desaparecidos, constituye ya un “arma moral” y una “fuerza moral” que debe transitar por vías de la no-cooperación y la desobediencia civil.

Esa fuerza moral que encabezan los padres de las victimas de la violencia como el poeta Javier Sicila o los padres de los alumnos de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa es, muchas veces, ignorada por los medios de comunicación, la población que sigue con su día a día y las propias autoridades. ¿Cómo combatir entonces la indiferencia?, le preguntamos.

La indiferencia, el desánimo y la apatía son precisas construcciones sociales, que el poder siempre busca reproducir para mantener su dominio del statu quo, explica Pietro. Los que gobiernan, conocen bien que la clave del poder es que la población no tome conciencia que ellos ocupan ese lugar porque ha habido alguna forma de “delegar” de la población hacia ellos, pero, como sostenía Gandhi y sostiene el zapatismo, las autoridades están para “mandar obedeciendo”, y si no consultan ni cumplen con los mandatos de la gente deben ser quitados enseguida de sus puestos. Esto no se puede lograr sin control y presión social de abajo hacia arriba.

Y se pregunta, ¿a qué apuesta entonces la construcción social del desánimo? A hacer creer a la gente que no “hay de otra”, no hay alternativas en lo económico y político, es una “aporía”, es a-histórico, que cualquier cosa que se haga todo seguirá igual, apuestan a multiplicar lugares comunes típicos como “¿para qué sirven las marchas si todo sigue igual?”. Se instala así a la población en el pensamiento periférico, diría Piaget, donde todo se evalúa por el resultado final, y como eran metas imposibles de alcanzar en el corto plazo llega entonces la frustración. Gandhi nos enseñó bien que en la lucha se necesitan objetivos claros, sencillos, que toda la gente los entienda y puedan ser alcanzados.

Para combatir el desánimo es también imprescindible conocer la historia, como procesos y no como suma de héroes, batallas, fechas y traiciones, porque desde allí se puede construir una esperanza real y no una ilusión, sin principio de realidad, que es tan dañina para la lucha, dice el autor de Gandhi y la desobediencia civil. México Hoy.

Que la población esté entrenada permanentemente a la “desobediencia debida a toda orden inhumana”

Por eso la lucha social más que creatividad o simbolismo, como principios rectores aunque tampoco sean variables menores, debe centrarse en la construcción de un buen “principio de realidad”, donde se contemplen las estrategias y tácticas propias y del adversario, los niveles proporcionales de las acciones, los territorios de éstas y un círculo claro de actores a quienes vayan dirigidas las acciones, reflexiona.

Y para lograr que los avances sociales ganados a través de la lucha social sean sustentables y así asegurar su continuidad en el tiempo, es fundamental que la población cada vez más se organice mejor, en unidad, que mantenga siempre un estado de control y alerta total hacia las autoridades, que les retire la “obediencia ciega a priori” con que cuentan, que coloque la legitimidad por encima de la legalidad; en resumen que la población esté entrenada permanentemente a la “desobediencia debida a toda orden inhumana”, dice recordando al filósofo argentino Juan Carlos Marín.

Para Pietro Ameglio la lucha social, en sus distintas manifestaciones, resulta fundamental porque sin presión social a la autoridad no va a cambiar nada en su impunidad y violencia, que son un gran negocio. Lo importante será no bajar en los niveles de acción noviolenta en cuanto a las formas de no-cooperación y desobediencia civil. Si no dejamos de “co-operar” con este sistema político-delictual no tenemos derecho a lamentarnos de la situación que nos atraviesa, concluye.

Deja un comentario