I

Crecieron juntas. Tuvieron la fortuna de nacer y crecer en el mismo callejón en Juchitán, Oaxaca. “Por los mangos verdes de mi amiga Cándida. / Por las casas de ladrillos / y su húmedo bermellón… / Yo canto.”, dice Natalia Toledo en su poema Riuunda’ ndaya’. Cándida es la madre de Irma Pineda y fue esposa del profesor y activista Víctor Pineda “Víctor Yodo”, desaparecido por las fuerzas del Estado hace casi 40 años: “Mi madre descifró para mis ojos / el lenguaje de las estrellas. / Depositó en mis oídos los cantos de la gente nube. / Me enseñó los signos de mi nombre.”

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Natalia Toledo. Foto: Karla Guerrero.

Natalia Toledo e Irma Pineda son ahora las poetas encargadas de presentar el “Festival Lenguas de América Carlos Montemayor”. Un encuentro con la palabra que enuncia el legado y posibilidades de las lenguas originarias de América a través de la poesía y lo hace de manera pertinente y con fuerza: “Pero nunca le pregunté a mi madre /cómo transcurre la vida / cuando los soldados se llevan al marido. / Cómo se enfrenta lo cotidiano / con la incertidumbre tras los pies a cada paso. / Con qué palabras se explica a los hijos / qué es un desaparecido.”

Desafortunadamente hay similitudes entre el poema Cándida de Irma Pineda y la poesía del joven poeta Mè´phàà, Hubert Matiúwàa. Hubert lo ve como una consecuencia de la historia: “En la montaña de Guerrero hay historias que no se cuentan, por lo tanto creo, dice, la poesía es un acto de hacer memoria contra el olvido. Es necesario escribir para vivir.”

II

Otra ausencia ronda la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM en esta fiesta de la palabra, la del Dr. Miguel León-Portilla. Por motivos de salud no pudo asistir pero ha mandado un poema que es leído por el poeta náhuatl Juan Hernández Ramírez. En él la Ciudad de México recupera cierto esplendor antiguo y se pregunta: “¿Aún podremos elevar un canto?”

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Irma Pineda. Foto: Karla Guerrero.

III

La respuesta está en el viento. Antes, en la madrugada, la Academia sueca ha anunciado el Nobel de Literatura para el compositor estadounidense Bob Dylan. El poeta veracruzano Francisco Hernández lo homenajea siguiendo Blowin’ in the Wind: “¿Qué vamos a hacer con lo que nuestros hijos tienen ahora en el pensamiento y que luego vuelven a escribir con el pensamiento de otro?” La respuesta está en el viento.

Francisco Hernández es originario de San Andrés Tuxtla, de la mano del coplero Mardonio Sinta mete al juego de la palabra al público joven y universitario: “En Veracruz el paisaje / tiene puertas y veredas. / Aquí termina tu viaje / porque si te vas te quedas.” o “Yo quise ser pelotero / en las ligas de los llanos. / Resulté muy mitotero / aunque tenía buenas manos. / Mejor me hice jaranero / de los bailes provincianos.”

Pero sobre todo Francisco Hernández es uno de nuestros poetas mayores:

Quitar la carne, toda,
hasta que el verso quede
con la sonora oscuridad del hueso.
Y al hueso desbastarlo, pulirlo, aguzarlo
hasta que se convierta en aguja tan fina,
que atraviese la lengua sin dolencia
aunque la sangre obstruya la garganta.

 IV

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Hubert Matiúwàa. Foto: Karla Guerrero.

Lo que tienen en común las lenguas y comunidades indígenas de América es que todas son discriminadas, dice Irma Pineda. Ante el riesgo de algunas de ellas de desaparecer el uso de su palabra es en sí un acto político, como dice la lingüista mixe Yásnaya Aguilar Gil. Toma la palabra en lengua P´urhépecha la poeta Rubí Tsanda Huerta: “Xaxeska eska echeri, ka juchiti k’uiripita jindesti juchiti xukuparhakua / Enka kuajpekuarijka para juchári ireta no k’amakurhini.” “Mi piel, más que mi piel es mi ropa. / Ropa de un pueblo que lucha contra la extinción.”

Por eso es importante tener la posibilidad de escuchar desde Ecuador a Gladys Potosí de origen Kichwa Karanki decir: ¿No será ya el tiempo de despertar? / Dejar de conjugar verbos de poder. / ¿No será ya el tiempo de mirarnos al espejo en el otro?”

V

La palabra sigue jugando, se enamora. El poeta totonaco Manuel Espinosa Sainos nos cuenta del amor de los fieles difuntos: “Lichiwinankgoy lapaxkit ninín /mitliklh tayakgoy xpaluwa kataxawat, / lhkuy xtikit tu tamakganit kkakiwín, / pusiwikgoy kxnujut lapaxkit, / wa ninín mapixnukgoy tapixnu talakapastakni, / nilinipatankgoy lantla xakstután takgxtakgtamikgonít. “Los muertos hablan de amor, se erectan las lombrices de tierra, / arde el petate arrumbado en la fosa, / sus venas tejen caricias, / le ponen collares al recuerdo, / los muertos se niegan a morir abandonados.”

Mientras Winston Farell de Barbados hace bailar y cantar a todos en la sala con su mezcla afroantillana, donde su voz y el ritmo de sus manos abarcan todo y lo envuelve, o la presencia del brasileño Salgado Maranhão con la muestra de su poesía hecha cuerpo a través de su pies golpeando insistentemente las tablas del escenario y hecha movimiento a través del puño de la serpiente, una figura de Kung Fu que ejecuta para asombro de todos: “bajo un rayo de incertidumbre. / Ni lo que es nuestro nos pertenece.”

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Gladys Potosí. Foto: Karla Guerrero.

VI

Para Hubert Matiúwàa, además de un acto político, escribir en su lengua es un acto de rebeldía “porque al escribirla estás nombrando tu mundo y es importante sobre todo para el pueblo Mè´phàà donde hay poca literatura.” Ante actos de violencia como el asesinato de los 43 normalistas en Iguala o el de Antonio Vivar Díaz en Tlapa de Comonfort, Guerrero, Hubert confía en la poesía, pero sobre todo en los niños de su comunidad, a quienes dedicó el Premio Cenzontle que acaba de recibir, como cargadores del pueblo, del pensamiento y la palabra: “Porque para que yo pueda hablar mi lengua hubo alguien que le apostó a la vida de la lengua para que yo la hablara. Entonces yo también le apuesto a este ciclo que no se debe de cerrar”, dice entusiasmado.

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Festival Lenguas de América Carlos Montemayor. Foto: Karla Guerrero.

VII

La poesía se debe decir en voz alta. Escucharla y cantarla. El “Festival Lenguas de América Carlos Montemayor” es una oportunidad única como una muestra de nuestra diversidad. Un ir y venir de sonoridades e imágenes del mundo, desde el diidxazá de Esteban Ríos Cruz hasta el francés con la canadiense Denise Desautels. Es además, un reconocimiento a quienes apuestan por la sobrevivencia de sus lenguas y culturas ante el acoso de las violencias de distinto tipo que las acechan. Y un imperioso recordatorio de la naturaleza en voz de la poeta venezolana Morela Maneiro: “Una tormenta me despertó / para no olvidar la creación.”

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