Hay un género en Maya Tojol-ab’al donde los niños cuentan mentiras para aprender a decir la verdad. El lom lo’il es una forma de contar la historia. Porque en el basto universo de posibilidades de narrar, la mentira nos puede llevar a la verdad. La resistencia de la palabra forma parte de la vitalidad de una lengua. Resistir es hablar y contar la historia. Xtámbaa. Piel de Tierra del joven poeta Hubert Malina es un recorrido para aprender a decir la verdad. La “verdad histórica” no existe, alguien la inventó porque sólo ha aprendido a decir mentiras. “Escóndete en la cueva,/ espera que baje la neblina/ y termine la caza,/ los que huelen la carne/ se llevan nuestros sueños/ en autobuses que no tienen vuelta…” Es una deuda pendiente de los que ostentan el poder: decir la verdad.

Se puede empezar por decir el nombre de cada uno de los jóvenes desaparecidos de este país. Decir por ejemplo Víctor Yodo, al nombrarlo estás aprendiendo a decir la verdad. Es un camino largo, su hija la poeta Irma Pineda lo sabe. ¿Por qué la violencia tiene que ser lo común en la montaña de Guerrero y en Juchitán Oaxaca? ¿Por qué insistir en no decir la verdad? “Ojalá los poetas escribiéramos sólo por la belleza, así Hubert no tendría que hablar en la poesía de la ausencia, del dolor, del desplazamiento de las tradiciones, del secuestro…” dice Irma Pineda.

Hay un rito fundacional del pueblo Mè’ phàà. Los abuelos lo cuentan: al seguir la guía de calabaza el abuelo rayo se encontró una calabaza muy grande, la partió en dos, la mitad era amarga y la otra mitad era dulce. El abuelo se dio cuenta que la calabaza podría alimentar a sus hijos pero también podría hacerles daño si no cuidaban la guía de calabaza. Por eso, año con año al realizar el cambio de autoridades políticas, todos los descendientes de los “Hombres de la calabaza” van a ese lugar y se bañan en el río que está junto a la loma donde nació la guía de la Zilacayota, lavan de manera simbólica sus malas acciones, ofrendan flores contadas y dan palabras de respeto al dios Akúun (Señor sagrado de la lluvia). A partir de ahí se construye la primera casa del pueblo Mè’ phàà, mito que comparten alrededor de 17 comunidades en la montaña de Guerrero.

Hubert nació en Zilacayota municipio de Acatepec, Guerrero. Con motivo de su libro la comunidad Mè’ phàà hizo una fiesta. El 14 de febrero, cercano al Día Internacional de la Lengua Materna, los comisarios de Acatepec y las otras comunidades que comparten la lengua Mè’ phàà se organizaron para celebrar Xtámbaa. Piel de Tierra y la guía de calabaza “la raíz que trajo nuestro nombre.” Los comisarios se juntaron, los maestros ensayaron con sus alumnos bailables y recitales de poesía. Las mujeres emprendieron una muestra gastronómica. El libro fue un pretexto para celebrar la permanente resistencia de su lengua. La idea es, cuenta Hubert, que el pueblo Mè’ phàà siga contando su propia historia, construir una memoria del mundo Mè’ phàà.

Mauricio Ortega Valerio, desaparecido el 26 de septiembre en Iguala, Hubert escribe “Voló sobre el pueblo el águila de la noche,/ buscó tu carne para anidar su dolor/ y auguró que tus hijos se convirtieran en kaagu.” “En efecto, los hijos y las hijas de quien merece memoria siempre se hacen adivinos, sabios o dirigentes”, dice Francesca Gargallo. Hubert Malina ha escrito el primer poemario en lengua Mè’ phàà, motivo para celebrar a esos sabios y dirigentes que son en los hechos, como dice Pietro Ameglio, la reserva moral de nuestra sociedad.

“Como el trueno del rayo que viste la Montaña, el poeta se estira con los árboles. Sus versos apuntan a la esperanza, por ello hilvana el ánima de su lengua, se enamora con el cielo en la palma de la mano, mira las hormigas cargar las semillas y como la flor reparte justamente el mundo.”

Francesca Gargallo

Hay en los versos de Hubert denuncias pertinentes: el despojo de los recursos naturales, el rapto de niñas y jóvenes para la esclavitud sexual, la violencia y la inseguridad. Pero eso ya lo hemos contado antes ¿o sólo mentíamos? El libro de Hubert Matiúwàa es sólo un pretexto para volver al territorio de la lengua. Mientras los niños y niñas en la montaña de Guerreo se acercan y celebran la poesía, entre el basto universo de posibilidades de narrar el gobierno mexicano ha decidido aprender a mentir.

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