Indescriptible es mi cansancio pero sigo caminando hasta encontrarte. No importa el lugar ni el momento. Sólo pienso en ti y por eso me he atrevido a buscarte entre los ríos, si por casualidad te encontraba ahí pero no, en ellos sólo encontré pequeños peces, ranas negras, sanguijuelas largas mas ninguna pista tuya.

Siguiendo en mi búsqueda encontré un lago verde y pregunté si te había visto. Contestó que no tenía tiempo para espiar quien pasaba y quien no, porque el trabajo de mantener un lago con este colorido, es arduo y se necesita estar al día mezclando algas y hojas frescas para atraer a cientos de peces y aves quienes vienen a bañarse todos los días. Seguí mi trayecto y comencé a indagar a las piedras, juraron no haberte visto pero sintieron tus suaves pisadas cuando pasaste sobre ellas.

Ahora me encuentro en el bosque y hablo con los pájaros carpinteros si acaso no los interrumpiste en su trabajo cotidiano, contestaron que llevan años construyendo sobre los árboles pero no han visto persona alguna que haya pasado debajo de esas chozas. En mi desesperación acudí a los cuervos y zopilotes para preguntarles si habían visto un humo de carne volando por los cielos, pero no, no habían visto nada y sólo me gané la burla de ellos. Entre risas y aleteos, contestaron que no gustan de la carne humana porque les genera náuseas. Pero no me rendí, seguí andando hasta que la suerte cayó sobre mi cuello caminando bajo un árbol. Ésta era una cascabel vieja, de cuero arrogado, ojos descoloridos, de un solo diente y una sonaja sin ritmo. Ella dijo estar molesta porque al pasar por su casa metiste una piedra sobre ese agujero, el cual, conducía la entrada y salida de su morada. Ahora está aún más molesta porque no puede entrar a su aposento y ha tenido que dormitar días enteros en la calle. Para su mala fortuna, el escarabajo quien ayuda a los animales a mover cosas pesadas, está de vacaciones. Seguía sobre mi cuello cuando me amenazó con morderme si no le ayudaba a quitar esa piedra. Le sugerí no hacerlo porque podría forzar su último diente. Ayudé a quitar la piedra que impedía el paso hacia la casa de aquella pobre vieja arrastrada. Después, con la cola y con los ojos casi salidos, indicó la dirección por donde te fuiste. Por último, mencionó no estar interesada en ti y en caso de regresar cerca de su hábitat, llegues preparada para una mordedura dolorosa, todo por haberla dejado algunos días fuera de su hermosa morada. Fue interesante hacer plática con una vieja cascabel, aunque a decir verdad, me interesó muy poco su sentir hacia ti. En realidad yo sólo estaba interesado en saber de ti y nada más. Necesito encontrarte para decirte que fue mentira ese rumor de haberme largado del pueblo.

Resulta que cuando desaparecí, fui encerrado en unos de los cuartos de la vieja casa de adobe. Mis padres no me dejaron salir a la universidad y menos ir a verte. A mis amigos y familiares se les informó que yo me había alejado del pueblo. Sin embargo, sólo fue invento de mis padres para alejarme de ti, de tus caricias repentinas, de tus besos alegres, de todo lo referente a ti. No pensaron jamás en las consecuencias a futuro. Por eso si me escuchas, haz que el viento grabe tus gritos y traiga a mí tus palabras. No puedes andar sola en este bosque tan lleno de alacranes, tarántulas, mapaches, ocelotes y demás animales que pueden causarte daño. Regresa Amada Mía, mis padres y los tuyos han aceptado nuestro amor secreto. Anda mujer perdida, sal de tu escondite. Dame una señal de vida. Habla con el remolino y que él traiga la noticia de tu existencia. Haz que una estrella fugaz caiga enfrente de mí y traiga un aliento tuyo. Sólo necesito verte. No fue verdad que huí de ti, sólo me ausentaron un poco pero he regresado. Anda regresa. No sé dónde más buscarte. Los cerros se han cansado de repetir ecos distorsionados pronunciando tu nombre. Anda regresa que la primavera está a punto de cambiar de vestido. No sería lo mismo cortar flores y que tú me los quites y me bañes con ellas. No sería lo mismo mirar a la luna sin sentir el roce de tu mano. Sal de donde estés. Déjate alumbrar por los brazos del sol y no te escondas bajo la sombra de aquellas palabras de quienes causaron tu huida hacia el bosque.

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